7 nov. 2011 | Por: Nacho

Muertes absurdas

Hoy en día, parece ser que estamos bastante insensibilizados con respecto al tema de la muerte. Curiosamente, sin embargo, nos sentimos fascinados por él y nos sorprendemos al descubrir las muertes tontas de algunos personajes históricos. Para esta entrada, una pequeña selección en orden cronológico:

Calcas (s. XIII a.C.), Quilón de Esparta (s. VI a.C.), Zeuxis (398 a.C.), Filemón de Soli (262 a.C.), Crísipo de Soli (208 a.C.) y Pietro Aretino (1556): Todos ellos murieron de un ataque de risa.

Esquilo (456 a.C.): Murió golpeado por una tortuga desprendida de las garras de un águila que sobrevolaba su cabeza. Al parecer, las águilas quebrantahuesos solían lanzar tortugas contra las piedras para abrirlas... y Esquilo era calvo.

Sófocles (406 a.C.): Sufrió un sofoco mortal tras recibir una buena noticia.

Agatocles (286 a.C.) y Sherwood Anderson (1941): Las vidas del tirano de Siracusa y el famoso escritor se vieron truncadas por un palillo. En el caso de Agatocles, se atragantó con un mondadientes; en cuanto a Anderson, sufrió una peritonitis tras tragárselo.

Pirro (272 a.C.): Mientras paseaba, recibió el impacto de una teja lanzada por una anciana desde una azotea.

Arquímedes (212 a.C.): Fue atravesado por la espada de un soldado romano tras increparle insistentemente el pisar los dibujos científicos que había hecho en la arena de la playa.

Herodes I, el Grande (4 a.C.): Sus genitales se pudrieron debido a una rara enfermedad llamada gangrena de Fournier.

Plinio, el Viejo (79): Intrigado por la erupción que arrasó Pompeya, sufrió una crisis cardiaca investigando el fenómeno de cerca... mientras sucedía.

Caracalla (217): Un soldado de su escolta lo apuñaló mientras orinaba entre los arbustos.

Arrio (336): Según los escritos, se hallaba evacuando cuando defecó sus propios intestinos, así como trozos de su hígado y bazo.

Atila (453): Durante el banquete de su noche de bodas, el líder huno se hartó de comer y beber. Tanto bebió que ni reparó en que su nariz comenzaba a sangrar, de tal forma que acabó ahogado en su propia sangre.

Li Po (762): Probablemente, una de las muertes más poéticas de la Historia (muy apropiada para tan conocido poeta): mientras navegaba ebrio por el río Yangtzé, Li Po trató de abrazar el reflejo de la luna, cayendo del bote y ahogándose.

Adriano IV (1159): Este papa se ahogó con una mosca que le había entrado en la boca.

Federico I de Hohenstaufen, Barbarroja (1190): El peso de su armadura hizo que se ahogara en un río. Ya muerto, su hijo trató, sin éxito, de conservar su cuerpo en vinagre.

Enrique I de Castilla (1217): Murió golpeado por una teja desprendida de un tejado cuando dos mancebos se asomaron para verle marchar.

Juan XII (1334), François Félix Faure (1899) y Jean Daniélou (1974): Tanto el  papa como el presidente francés y el cardenal Daniélou forman parte de la lista de personas muertas en brazos de una prostituta. Del sumo pontífice también se dice que pudo ser asesinado por un marido cornudo al pillarle en plena faena.

George Plantagenet (1478): Famoso por ser un gran bebedor, sus verdugos le ahogaron en un barril de vino.

Felipe I de Castilla, el Hermoso (1506): Bebió demasiada agua fría nada más terminar un partido de tenis.

Maximiliano de Austria (1519): La muerte le llegó al archiduque y emperador, antecesor de Carlos I de España, debido a una indigestión de melones.

Hans Steininger (1567): La persona que ostentaba el récord de la barba más larga del mundo (1,5 metros) olvidó enrollar su peludo bien durante un incendio y, con las prisas, tropezó con él y se rompió el cuello.

Felipe II de España, el Prudente (1598): Falleció por una infestación masiva de piojos (pediculosis).

Tycho Brahe (1601): En el siglo XVI, levantarse de la mesa antes de acabar la comida era considerado todo un insulto. Brahe, que tenía problemas de vejiga y era conocido por sus excesos con la bebida, olvidó visitar los servicios antes de un banquete; demasiado educado para excusarse, murió entre agonías a los once días tras explotar su vejiga.

Francis Bacon (1626): Experimentando en torno a la conservación de los alimentos, murió de frío durante una tormenta mientras esperaba la congelación de una gallina muerta cuyo cuerpo había rellenado con nieve.

François Vatel (1671): Hasta un suicidio intencionado puede resultar ridículo si se realiza por causas inadecuadas. En el caso de este cocinero francés, el dramón que le llevó a atravesarse con una espada fue la tardanza del pescado que tenía que cocinar para el rey Luis XIV y sus 2000 comensales. Eso es dedicación.

Jean-Baptiste Lully (1687): Este compositor francés falleció a causa de una grangrena tras clavarse la batuta en un pie en pleno berrinche contra los músicos a los que dirigía.

Julien Offray de La Mettrie (1751): Después de curarlo de una enfermedad, el embajador francés Tirconnel organizó un banquete para celebrarlo. La Mettrie, tratando de presumir de resistente y voraz, devoró tal cantidad de paté de frutas que se empachó y enfermó. El médico trató de curarse la fiebre con una sangría prescrita por él mismo que terminó con su vida.

Fernando VI de España, el Prudente (1759) y Catalina II de Rusia, la Grande (1796): Ambos gobernantes sufrieron un cólico sentados en la taza del váter.

Adolfo Federico de Suecia (1771): El llamado "rey que comió hasta morir" falleció por problemas digestivos tras engullir durante una cena langosta, caviar, chucrut, sopa de repollo, ciervo ahumado, champán y catorce platos de su postre preferido, relleno de mazapán.

William Bullock (1867): Murió por culpa de la infección que le sobrevino después de que sus pies fueran aplastados mientras trataba de arreglar la rotativa que había inventado.

Cowper Phipps Coles (1870) y Thomas Andrews (1912): Ambos encontraron la muerte a bordo de sus propios barcos: el HMS Captain y el Titanic (respectivamente).

Clement Vallandigham (1871): Tras la guerra civil norteamericana, este político se convirtió en un infalible abogado. En su último caso, tuvo que defender a un acusado de disparar contra un individuo durante una disputa; sin embargo, el abogado defensor demostró que el fallecido se había disparado por error a sí mismo estando arrodillado. A consecuencia de su realista reconstrucción (olvidó descargar la pistola durante la demostración), el acusado fue declarado inocente.

Allan Pinkerton (1884): Al gran detective le sobrevino la muerte a consecuencia de una gangrena tras morderse la lengua en un resbalón.

Alejandro I de Grecia (1893): Su mono mascota le contagió la rabia con un mordisco.

Charles Justice (1911): Irónicamente, fue electrocutado en la silla eléctrica que había ayudado a construir e instalar en la prisión.

Jack Daniel (1911): El fundador de la conocida marca de whiskey, al no recordar la combinación de su caja fuerte, le dio una patada, con tal mala pata (nótese el chiste) que se le infectó el dedo gordo del pie y terminó muriendo.

Franz Reichelt (1912): Saltó desde la Torre Eiffel con el fin de probar su prototipo de paracaídas. Huelga decir que no funcionó.

François Faber (1915): Estando en el frente durante la II Guerra Mundial, recibió un telegrama notificándole que su mujer había dado a luz. Entre saltos de alegría, recibió un tiro de un soldado alemán.

Ray Chapman (1920): El jugador de béisbol fue mortalmente alcanzado en la cabeza por una pelota que no vio, ya que por aquel entonces los pitcher ensuciaban la pelota antes de lanzarla para disminuir su visibilidad.

Antonio Gaudí (1926):  Este pintor catalán falleció tras ser atropellado por el tranvía de Barcelona, pues, debido a su aspecto desaliñado, fue tomado por todos por un mendigo y no se le dio asistencia médica inmediata.

Harry Houdini (1926): Ya que el gran mago presumía de su habilidad para controlar su cuerpo de modo que no sintiera dolor, fue retado por un estudiante a recibir puñetazos en el abdomen sin inmutarse. Y ciertamente Houdini, según se dice, aguantó bien, pero los golpes que le propinó el universitario, jugador de rugby y estrella del boxeo, agravaron su principio de apendicitis y acabó muriendo días después.

Bobby Leach (1926): La segunda persona que sobrevivió a una caída en barril desde las cataratas del Niágara tropezó un buen día con una cáscara de naranja y se rompió la pierna. Tan mala fue la caída que le hubieron de amputar la pierna gangrenada, aunque acabó muriendo por complicaciones de la cirugía.

Isadora Duncan (1927): La conocida bailarina estadounidense debió haberse dejado la bufanda en casa, ya que su echarpe le causó la muerte por fractura de las cervicales al engancharse en las ruedas de un coche.

Alexander Bogdanov (1928): Investigando sobre técnicas de rejuvenecimiento, se realizó una transfusión de sangre de un paciente con malaria y tuberculosis. El resto es historia.

Marie Curie (1934): Sin conocer los efectos de la radiación, falleció de anemia aplásica como consecuencia de sus importantes investigaciones.

Thomas Midgley (1944): Tras contraer la polio, diseñó un complejo sistema de cuerdas y poleas para levantarse de la cama con el que acabó estrangulándose por accidente.

Joan Burroughs (1951): William Burroughs y su mujer bebieron demasiado una mala noche y no se les ocurrió ningún divertimento mejor que jugar a ser Guillermo Tell... pero de verdad. El escritor acabó entre rejas por homicidio involuntario al no alcanzar con su flecha la manzana que Joan se puso sobre la cabeza.

Jerome Irving Rodale (1971): Poco después de afirmar que, gracias a su dieta basada en alimentos orgánicos, viviría hasta los cien años, sufrió un ataque al corazón que se lo llevó en el acto.

Billy Murcia (1972): El batería de The New York Dolls volvía de fiesta buscando un sueño reparador, pero su novia, que tenía otros planes, quiso espabilarle con café. Tal fue la cantidad de líquido que le hizo tragar que acabó ahogándose.

Leslie Harvey (1972): Cofundador junto con su hermano del famoso grupo Stone the Crows, murió electrocutado sobre el escenario al tocar el micrófono con las manos húmedas.

Steve Took (1980): Tras la muerte de su compañero Marc Bolan (T.Rex), se atragantó con un hueso de cereza.

Tennessee Williams (1983): En plena borrachera, el dramaturgo yanqui se atragantó con el tapón de un frasco de barbitúricos que trataba de abrir.

Jim Fixx (1984): De nuevo con gran ironía por parte de los dioses, la persona que popularizó el footing en los años '70 murió de un ataque al corazón mientras corría.

Steve Irwin (2006): Durante el rodaje de uno de sus documentales, su corazón fue atravesado por la cola de una mantarraya.


A la lista anterior habría que añadir, entre otros, los nombres de diversas personas muertas durante rodajes de películas. Además, para no ser elitista, os voy a hablar también de muertes estúpidas entre gente común (excluyendo casos de muertes anónimas y masivas), no sin antes mencionar los premios Darwin, galardón que sólo se otorga a las muertes más ridículas o a los heridos graves por motivos simplemente absurdos:

Patrick Still (¿?): Ganador a título póstumo de una competición entre colegas. Fue el último en apartarse de las vías del tren, aunque no precisamente de una sola pieza.

Yusuf Ishmaeld (s. XIX): Se ahogó en el hundimiento de un barco al no querer desprenderse de su enorme bolsa llena de monedas.

Frank Hayes (1953): Único jinete muerto que ha ganado una carrera. Sufrió un ataque al corazón sobre su montura.

David Grundman (1982): Su idea de talar cactus del desierto a balazos dejó de tener gracia cuando disparó a uno centenario, que cayó sobre él y lo mató.

Jacques LeFevrier (premio de 1989): Queriendo asegurarse de que realmente moría, este francés se anudó una soga al cuello, la amarró a una roca y, tras beber veneno e incendiarse la ropa, saltó desde la cima de un acantilado. Durante la caída, trató de pegarse un tiro, pero acabó cortando la soga y cayendo al mar, que apagó las llamas y le hizo vomitar el veneno. Fue rescatado por un pescador y acabó muriendo en un hospital... de hipotermia.

Lori Rae Keevil-Mathews (1991): Murió aplastada por uno de los paraguas gigantes diseñados por los artistas Christo y Jean Claude.

Ken Barger (premio de 1992): Confundió su pistola con el auricular del teléfono.

Yooket Paen (1991): Por si resbalar con un excremento de vaca y morir por electrocución al asirse a un cable no fuera suficiente, la hermana de la fallecida Yooket sufrió la misma suerte explicando a unos vecinos el fatal accidente: ella también resbaló y se agarró del mismo cable.

E. Frenkel (premio de 1994): Este psíquico soviético estaba convencido de ser capaz de parar un tren sólo con el poder de su mente. Se equivocó.

Krystof Azninski (premio de 1996): De juerga con sus amigos y tras haber bebido bastante, este campesino polaco sugirió que todos se desnudaran para jugar a algunos juegos de hombres. Al más puro estilo cromagnón, comenzaron a golpearse los unos a los otros en la cabeza con carámbanos de hielo hasta que un miembro del grupo se cortó la punta del pie a propósito con una sierra mecánica. Aceptando el reto, Azninski tomó la sierra y la dirigió a su propio cuello, resultando decapitado.

Steven Hill Epperson (premio de 1997): A consecuencia de una broma, se atragantó con un pez tropical de 15 cm que trató de comerse vivo.

Betty Stoobs (1999): Fue aplastada por su motocicleta tras precipitarse por un acantilado debido al ataque de 40 ovejas hambrientas que cargaron hacia el heno transportado por la granjera.

Robert Puelo (premio de 2003): Enfadado con un tendero al que había estado molestando, el joven robó un perrito caliente y se fue sin pagarlo. Cuando llegó la Policía, avisada por el dependiente, encontraron su cuerpo inerte en la puerta con la salchicha de 15 cm alojada intacta en su garganta.

Kenneth Pinyan (2005): Murió por atravesamiento del colon tratando de practicar sexo anal con un caballo. 

Lee Seung Seop (2005): Tras 50 horas consecutivas jugando a Starcraft, falleció por agotamiento.

Mariesa Weber (2006): La encontraron después de 11 días desaparecida debajo de un estante de libros.

Franck Kabele (2006): Este sacerdote trató de repetir el milagro bíblico de caminar sobre las aguas. Una vez hundida su cabeza, jamás regresó. Se dice que fundó una ciudad subacuática y tuvo una hija llamada Ariel.

Humberto Hernández (2007): Una boca de incendios le golpeó en la cara. La boca había salido disparada a consecuencia de la presión del agua tras ser golpeada por un coche que había sufrido un pinchazo. 

Michael Warner (premio de 2008): Cansado de ingerir alcohol por la vía tradicional, este alcohólico comenzó a aficionarse a los enemas. Una noche, tras ingerir tres litros de bebida, se quedó dormido mientras su cuerpo seguía absorbiendo alcohol vía rectal. No es raro que falleciera de intoxicación etílica, considerando que la autopsia reveló que un 47% de su sangre estaba alcoholizada.

Shanno Khan (2009): El calor abrasador de Nueva Delhi se llevó la vida de esta niña mientras cumplía el castigo de quedarse después de las clases.

Jonathan Campos (2009): Acusado de asesinato, se suicidió llenándose la boca de papel higiénico hasta la asfixia.

Vincent Smith II (2009): Quien decidió llamar a la muerte por inhalación de gas butano muerte dulce debería replanteárselo. Este empleado resbaló en la fábrica donde trabajaba y cayó en un tanque lleno de chocolate a 50º, donde murió ahogado.

¡Gracias, mamá y Miguel Ángel!


6 nov. 2011 | Por: Nacho

Expresiones de sospecha

En un país de gente tan cotilla como los españoles, resulta evidente que son necesarias expresiones que hagan denotar nuestras sospechas sobre situaciones determinadas. Algunas de esas expresiones son las que siguen:

Oler a chamusquina/cuerno quemado: Durante la quema sistemática de libros presuntamente heréticos en tiempos de la España inquisitorial, se comenzó a decir de aquellos libros y autores (los cuales, a menudo, acompañaban a los libros en su viaje a la hoguera) susceptibles de ser quemados que olían a chamusquina, adelantando su probable y funesto futuro. También se solía decir que algo olía o sabía a cuerno quemado ante posibles brujas y poseídos (en referencia a los cuernos del Demonio) y sospechosos de ser cornudos consentidos.

Haber gato encerrado: Allá por el siglo XVI, se puso de moda el uso de la piel de gato, entre otras cosas, para hacer ciertos monederos muy suaves que las mujeres escondían entre sus ropas para burlar a los pillos. Sabido esto, en consecuencia, lo primero que buscaban los ladrones al colarse en las viviendas eran estos gatos (pues tal nombre recibían). Los más osados le dan incluso otra vuelta de tuerca al asunto al argüir que la susodicha expresión podría hacer referencia al famosísimo cuento de Edgar Allan Poe El gato negro, que narra la historia de un caso policial resuelto gracias a los maullidos de un gato que había quedado encerrado tras un muro construido por cierto asesino para ocultar su crimen.


4 nov. 2011 | Por: Nacho

Suerte

La suerte es un concepto abstracto de difícil comprobación. Personalmente, considero que la buena y la mala suerte no son más que meras coincidencias con una base de superstición y algo de fobia. Sin embargo, no deja de resultar interesante zambullirse en este apasionante tema que, inconscientemente, tanto nos influye, por lo que allá va un exhaustivo resumen sobre los principales elementos que afectan a la suerte:

Animales:
  • Gato: Es curioso que en la actualidad se considere a los gatos negros fuente de mal agüero. Ello se debe a que en la Edad Media se comenzó a asociar a los gatos negros con la brujería (se les consideraba brujas metamorfoseadas), entre otros motivos, porque solían perseguir a ancianas que más tarde eran acusadas de brujas, lo cual no resulta extraño si se considera que estas mujeres solían responder al perfil de la típica mujer mayor solitaria que da de comer a los gatos callejeros. La mayoría de países en los que se practicó la caza de brujas y gatos creen hoy en día  que cruzarse en el camino con un gato negro trae mala suerte, como es el caso de las actuales España, Italia, República Checa, Rumanía, Moldavia, Serbia, Montenegro, algunas zonas de Irlanda y EEUU; lo mismo sucede en los países de tradición hebrea, babilónica o hindú, donde se les asocia a la serpiente, otro animal de fama variable. Sin embargo, en algunos países europeos, especialmente los territorios del Reino Unido (y, sobre todo, entre marineros y pescadores, aunque no siempre), se consideraba que los gatos traían buena suerte, situación que quizá haya menguado en la actualidad; asimismo, los antiguos egipcios y romanos creían que el gato era un animal sagrado que representaba a la diosa Bastet (también conocida como Diana y Artemisa).

    • Elefante: Seguramente por influencia del hinduísmo, religión en la que el elefante es el símbolo del dios Ganesha, siempre se ha considerado de buena suerte poseer amuletos en los que figure un elefante, sobre todo si se trata de figurillas con la trompa doblada hacia arriba y hacia atrás (para que no se escape la suerte). Antiguamente, cuando aún se estilaba la caza de los elefantes africanos, el marfil de sus colmillos y sus crines se convirtieron en un cotizado objeto de gran valor monetario y mágico.

      • Mariquita: Al igual que encontrarse una mariquita es signo de buena ventura, matar a una puede ser lo último que hagamos antes de que una desgracia caiga sobre nosotros. Lo mismo se dice de matar a una araña dentro de casa o, entre marineros, de matar a un albatros o una marsopa.

        • Pájaros: En general, los pájaros por sí mismos no son indicantes de ningún tipo de suerte. Cuando una persona tiene la "suerte" de recibir en su cabeza los excrementos de un ave, lejos de lo que pudiera parecer, se considera que dicha persona tendrá buena suerte (igual ocurre al pisar por error un excremento). Sin embargo, las urracas y los pájaros que entran por la ventana simbolizan la muerte de alguien cercano, y todo lo relacionado con la muerte (tumbas, cementerios, etc.) y las desgracias, se supone, trae mala suerte.

          • Conejo: Debido a su rápida reproducción, se considera que los conejos son un símbolo de fertilidad que favorece a las cosechas y a las personas. Las patas de conejo traen suerte (igual que las manos de mono conceden deseos como si fueran lámparas maravillosas, si bien con graves consecuencias) y protegen del mal de ojo, mientras que matar a un conejo sólo puede acarrear desgracias. Según los celtas, cada pueblo estaba asociado a un animal que no podía ser cazado; en el caso de los españoles y portugueses, ese animal es el conejo (de hecho, el nombre actual de España procede de la expresión fenicia equivalente a isla de conejos, ya que nunca antes habían visto a este animal antes de llegar a la Península).

            • Búho: Encontrar un búho y mirarle sin asustarlo trae suerte de por vida. Por ese motivo, los amuletos en forma de búho atraen a la fortuna económica, pero encontrar a un búho muerto o enfermo no trae más que traiciones y rechazo social.

            • Ratón: A pesar de su mala fama, los hindúes consideran a la rata un animal sagrado por ser el medio de transporte de Ganesha (lo que contradice la conocida supuesta musofobia de los elefantes) y los antiguos romanos creían de buen agüero cruzarse con una blanca, pero no así con una negra. También guarda una posición de honor en la cultura china, en cuyo horóscopo se sitúa a la cabeza primer año chino como símbolo de riqueza, inteligencia, adaptabilidad y, por supuesto, suerte.

            Números:
            • Cuatro: A consecuencia de su fonética, similar en chino y japonés a la palabra muerte, es un número de mal presagio en dichos países (igual que ocurre con los colores blanco y morado, respectivamente asociados al luto en dichas regiones). De hecho, no es raro encontrar edificios sin cuarta planta (la numeración pasa del tres al cinco, cosa que también sucede en Europa y EEUU con el número trece en menor medida) o recelar de regalos compuestos de cuatro partes. En el cristianismo, este número representa a los jinetes del Apocalipsis, pero también a los evangelistas. También es símbolo de los puntos cardinales, los elementos terrestres, las nobles verdades del budismo y el dios Júpiter. Igualmente, se dice que quien halle un trébol de cuatro hojas (cada una de las cuales simboliza un componente básico de la felicidad, a saber: amor, salud, prosperidad y buena fortuna o, según otros, esperanza, fe, amor y suerte) encontrará la felicidad y le acompañará la suerte. Esto se debe a que los druidas de la antigua Inglaterra creían que el poseedor de semejante trébol podía ver y reducir la influencia de los demonios. También se dice que, antes de irse del Paraíso tras ser expulsada, Eva recogió un trébol de este tipo.

              • Seis: Primer número perfecto y tercer número triangular. Para algunos, simboliza la armonía perfecta, la belleza y el amor eterno (razón por la cual existen bastantes nombres propios de seis letras); sin embargo,  como sucede con el número ocho, es más habitual su concepción como número de mal augurio, ya que, según la Biblia, no existe número más imperfecto (le falta uno para llegar al siete, verdadero número perfecto). Por ese motivo, la bestia más imperfecta de todas, el diablo, se asocia con el número 666 (número de la bestia).

                • Siete: Número de la suerte por excelencia. En la Biblia, simboliza la suma de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) más la Santa Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), motivo por el cual ambos números son también de especial importancia en el cristianismo; en el mismo libro, el siete es usado como número mágico, simbólico e indeterminado. Culturalmente, se ve reflejado en muchísimas realidades: las vidas de un gato (al menos en Europa, ya que en EEUU se dice que poseen nueve y los árabes lo dejan en seis), las Siete Maravillas del Mundo, los Siete Mares, los sacramentos, los chakras, los pecados capitales, los días de la semana, las notas musicales, los colores del arcoiris, los enanitos de Blancanieves... Las herraduras, otro símbolo de buena suerte desde que, según la leyenda, san Dunstan herrera al diablo, causándole tal dolor que juró no volver a entrar en una casa con una herradura colgada sobre el umbral de la puerta, se dice que son aún más efectivas cuando tienen siete clavos.

                  • Nueve: Existe la leyenda urbana de que los compositores de sinfonías fallecen poco tiempo después de terminar su novena obra. Así sucedió con L. van Beethoven, F. Schubert, A. Bruckner,  A. Dvorak, G. Mahler y R. V. Williams. No obstante, no deja de ser un bulo numerológico, como explica con un juego de palabras malísimo, por cierto Zrubavel en su blog. También es un número de mal fario entre los nipones.

                    • Trece: La mala fama del número trece se remonta al zodiaco persa y a la mitología nórdica, concretamente a una cena a la que fueron invitados doce dioses; Loki (imagen), dios malévolo hijo del gran Odín, que se había colado, fue expulsado, no sin antes luchar, con el resultado de la muerte de  su hermano Balder, favorito de los dioses. ¿Se os ocurre algún otro ejemplo legendario de una cena con trece comensales que se saldó con la vida del favorito de los dioses a causa de los actos del decimotercer comensal? A esto hay que añadir la tradicional aversión europea al martes, debida a su asociación con el dios romano de la guerra Marte (recordad, para líneas posteriores, el dicho: "En martes, ni te cases ni te embarques"); en el caso del mundo anglosajón, el día de mala suerte es el viernes, ya que Jesucristo fue crucificado ese día de la semana. A consecuencia de lo anterior, los martes/viernes 13 son considerados popularmente como los días de peor suerte de todo el año.

                      • Veintisiete: Robert Johnson, Brian Jones (The Rolling Stones), Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison (The Doors), Leslie Harvey (Stone the Crows), Kristen Pfaff (Hole), Kurt Cobain (Nirvana), Rodrigo Bueno y, recientemente, Amy Winehouse. ¿Qué tienen en común? Todos fueron músicos y todos murieron a los 27 años de edad. Esta maldición, que inicialmente se atribuía exclusivamente a los rockeros, ha sido ampliada por algunos con otros nombres, como los actores Brandon Lee, Jonathan Brandis, Johnny Palermo y Justin Mentell.

                      • Cuarenta y tres: Otro número prohibido para los japoneses, ya que se pronuncia igual que nacimiento muerto. En los hospitales de Japón, la sala de maternidad número 43 es evitada a toda costa por las parturientas debido a ello. Como podéis ver, los asiáticos son incluso más supersticiosos que los europeos. Si queréis más información al respecto, disponéis de algunas particularidades de los japoneses aquí.

                      Festividades:
                      • Navidad: Cada Nochevieja, los españoles tomamos doce uvas al son de las campanadas que marcan la medianoche. Si bien es cierto que esta tradición se popularizó en 1909 por un excedente de producción de uvas (menos mal que no ha ocurrido ahora con los pepinos), su origen es mucho anterior, pues existen referentes de dicha costumbre que datan del siglo XIX, cuando los aristócratas galogermánicos celebraban la festividad con uvas y champán. Cuando el alcalde madrileño José Abascal trató de impedir la celebración de fiestas en las calles durante la Navidad, algunos ciudadanos se congregaron en la Puerta del Sol a comer las uvas (imagen), haciendo burla de la burguesa costumbre. Con el tiempo, esta práctica se extendió al resto del país (otros tienen sus propias costumbres), llegando a decirse que no hacerlo supondría un año de mala suerte. De hecho, también es típico brindar con un anillo u otra joya de oro en la copa de champán tras las campanadas (jamás con agua), así como vestir ropa interior roja y dar un pisotón con el pie derecho (empezar el día con el pie izquierdo, así como todo lo relacionado con dicho lado, trae mala suerte) a la duodécima campanada, simbolizando la entrada en el año nuevo con buen pie. Otro buen augurio en Navidad, según la tradición española, es encontrar la figurita del roscón de Reyes, bollo típico que se suele tomar el 6 de enero, Día de Reyes.

                      • Cumpleaños: Tradicionalmente, se dice que si se apagan todas las velas de la tarta de un soplido, costumbre antiquísima, el deseo pedido se hará realidad. Lo mismo sucede, aunque no tenga relación, si se pide un deseo nada más ver una estrella fugaz.

                      • Boda: Posiblemente, las bodas sean los ritos donde más intervienen el protocolo y la superstición: desde llevar huevos a las Clarisas (orden religiosa) para que haga buen tiempo hasta que ella vista de blanco y lleve algo azul, algo prestado y algo nuevo (o algo viejo, o ambos; depende de la región). También se considera de buena suerte el intercambio de alianzas (que se colocan en el dedo anular, por donde supuestamente pasa la vena amoris), recoger el ramo tirado por la novia (se dice que la que lo recoja será la próxima en casarse), bombardear sin piedad lanzar arroz (siempre después de la ceremonia) y no ver a la novia hasta la ceremonia (tampoco ella misma en el espejo), entre otras creencias. Dado lo novedoso del matrimonio homosexual, la mayoría de estas tradiciones aún no se han adaptado a esta nueva realidad.

                      Gremios:
                      • Marineros: Aparte de lo ya dicho en líneas anteriores, este colectivo especialmente supersticioso consideraba desafortunado llevar mujeres, curas (en general, todo lo religioso), fineses, difuntos, animales peludos o algo azul a bordo. Igualmente, no se podía partir los martes/viernes (depende del ámbito geográfico), el primer lunes de abril (día en que Caín mató a Abel), el segundo lunes de agosto (día en que Dios castigó a Sodoma y Gomorra) o el 31 de diciembre. El canto de un gallo, un tiburón siguiendo al navío o la iluminación de un tripulante por los fuegos de san Telmo (rara luminiscencia de origen atmosférico generalmente asociada a la buena ventura, imagen), eran signos de muerte inminente. Tampoco resultaba aconsejable decir conejo o cerdo, ver fallecimientos por ahogamiento, entregar una bandera a través de los travesaños de una escalera, ponerse la ropa de un fallecido antes de terminar la travesía o llevar flores, plátanos o paraguas (en general, recordad que los paraguas se asocian a la mala suerte, ya que los antiguos paraguas de las clases bajas británicas eran tan rígidos que, al abrirse en espacios reducidos, podían ocasionar muchos accidentes, por lo que hoy en día se considera de mal fario abrir un paraguas bajo un techo o que se dé la vuelta a causa del viento). Si se silbaba o hacía sonar el cristal de una copa o si una gaviota o petrele se posaba en la borda, pronto llegaría una tormenta.
                      • Por otro lado, era recomendable botar el navío con champán al bautizarlo en referencia a una antigua costumbre vikinga (ni que decir tiene que un barco sin nombre sería perseguido por la mala suerte) y no cambiar jamás el nombre, a pesar de que los piratas lo hicieran en ocasiones por necesidad o capricho. Como amuletos, se usaban aletas de tiburón, plumas de reyezuelo (protección contra naufragios y ahogamientos por un año), aros metálicos en las orejas (para evitar las tormentas), una moneda bajo el palo mayor (tal vez como pago preventivo al infernal barquero Caronte, aunque también era usual lanzar una moneda por la borda para evitar tormentas), una estrella polar dibujada o adornos varios en el mascarón de proa. Igualemente habitual era tatuarse un crucifijo en la espalda, ya que así nadie osaría castigar al marinero con latigazos (y, de hacerlo, éstos sin duda se desviarían).

                      • Actores: Normalmente, el simple hecho de desear buena suerte, irónicamente, atrae a la mala suerte, sobre todo si a esto se contesta con un "Gracias". Esto es especialmente notable entre los actores de teatro, que, de hecho, se desean unos a otros mucha mierda o romperse una pierna. No tan supersticiosos como los marineros pero sí más que la mayoría, tampoco se recomienda llevar ropa o complementos amarillos en el escenario, ya que el gran actor y dramaturgo francés Molière (imagen) falleció interpretando su obra El enfermo imaginario (aunque, si murió, no lo sería tanto) vestido con una bata de este color. En consecuencia, la obra pasó a formar parte de la larga lista de obras malditas, entre las que destaca Macbeth, cuyo nombre ni siquiera se suele pronunciar. En España, son obras prohibidas la zarzuela La tempestad de R. Chapi y La leyenda del beso de R. Soutullo y J. Vert. Tampoco se consideran positivos la presencia de un clarinete entre la orquesta, el uso de una Biblia real en la obra o que el servicio de limpieza olvide una escoba sobre el escenario (puesto que ahuyenta al público, lo barre).

                      Otros: Además de determinados símbolos y amuletos mágicos y religiosos (que pueden ser plantas, piedras, esencias u otros objetos), aleja la mala suerte escupir (a veces acompañado de tres vueltas sobre uno mismo), tocar madera (costumbre druídica transmitida a los griegos, que consideraban en concreto que los robles eran moradas de los dioses, ya que eran frecuentemente alcanzados por los rayos), colocar gárgolas en las iglesias (pues alejan al Diablo), cruzar los dedos (no se sabe si en referencia a la cruz cristiana, a un antiguo gesto pagano o nórdico o a uno de los arqueros medievales), decir Jesús o salud cuando alguien estornuda (bendice contra la peste y evita que el Demonio se cuele a través de la boca; por ese motivo, también es bueno taparse la boca al bostezar), pisar tres veces un cuchillo que se ha caído (si no, se atrae a la mala suerte), echar sal sobre el hombro (no así derramar sal sobre la mesa, ya que la sal es un símbolo de amistad y, además, antiguamente era de gran valor; y tampoco pasar la sal de mano en mano), poner una escoba del revés contra la puerta (para que, si entra una bruja, no se pueda resistir a cogerla y salir volando), no poner el bolso en el suelo (porque se va el dinero), regalar una figura de una brujita, amueblar la casa siguiendo los principios del feng shui, colocar flores en las tumbas y honrar a los muertos. También traen buena fortuna los cuadrados mágicos (tablas de números que en horizontal, vertical y diagonal suman siempre lo mismo), los sólidos platónicos (tetraedro, cubo, octaedro, icosaedro y dodecaedro), el número π, la proporción áurea, encontrar una moneda brillante o con la cara hacia arriba (si se recoge una moneda con la cara hacia abajo, se debe regalar), tirar monedas a un pozo o fuente, tocar la chepa de un jorobado, soplar una pestaña o un diente de león y quedarse con la parte grande de la fúrcula o hueso de la suerte de un ave (imagen superior).

                      Por su parte, es de mala suerte romper un espejo (superstición grecolatina relacionada con la adivinación del futuro: si el reflejo de una persona se rompía, significaba que no había futuro para dicha persona; como se creía en la renovación de la salud cada siete años, romper un espejo provoca esos años de mala suerte), poner un sombrero sobre la cama o unos zapatos (sobre todo si son nuevos) sobre la mesa, los cuadros torcidos o caídos (muerte inminente), encender un cigarro con una vela (insulto a los espíritus) o tres con una misma cerilla (se dice que en cierta guerra un soldado vio la llama de una cerilla encendida por un enemigo, apuntó cuando se la pasó al segundo y disparó alcanzando al tercero), pasar bajo un andamio o escalera (ya que ésta forma un triángulo con la pared, símbolo divino; además, a los reos franceses del siglo XVII se les hacía caminar bajo una escalera, puede que en alusión a la escalera que se apoyó en la cruz de Jesucristo para bajarle), derramar vino o champán sobre la mesa (en el primer caso, se debe untar un poco de vino sobre la frente; en el segundo, champán sobre el lóbulo de la oreja), dejar las tijeras abiertas (quizá en referencia a las tijeras de las Moiras o Parcas de la Antigua Grecia), conservar una escoba tras mudarse (arrastra las desgracias de la casa anterior) o barrer los pies de una soltera o viuda, pisar una grieta, una junta entre baldosas o una tumba, ser mirado por un tuerto o un gitano, cruzarse con un pelirrojo (para contrarrestarlo, se debe tocar un botón de la propia camisa), recibir jugando al póker la llamada mano del muerto (dos ochos, dos ases y otra carta, la mano del pistolero Wild Bill Hickok antes de morir), ver una rata o bruja negra (tipo de mariposa) y, por supuesto, ser maldito.

                      ¡Gracias, mamá y Miguel!

                      FUENTES: 20 Minutos, nº. 2703. "La revista", pg. 14. Grupo 20 Minutos. Madrid, 2011;
                      WIKIPEDIA, EL VIGÍA

                      FUENTES COMPLEMENTARIAS: SOBRE LEYENDAS, MADRID OCULTO