16 may. 2011 | Por: Nacho

Criptozoología

Todos sabemos que los animales se clasifican en función de sus características en distintas especies, géneros, familias y otras categorías (vertebrados, anfibios, coleópteros, vivíparos...). No obstante, existe una especialidad de la zoología dedicada en exclusiva a la investigación de criaturas sobrenaturales, folclóricas o presuntamente extintas: la criptozoología.

Esta disciplina, habitualmente considerada pseudocientífica, es muy minoritaria, por lo que la comunidad científica apenas la toma en consideración, a pesar de que en contadísimas ocasiones hagan hallazgos realmente relevantes. Después de todo, ¿quién podría imaginar un mamífero ovíparo semiacuático venenoso con pico de pato, cola de castor y patas de nutria? Y, sin embargo, ahí tenemos a nuestro querido ornitorrinco. Otros ejemplos serían la recientemente descubierta Turritopsis nutricula (una variedad de medusa, retratada en la imagen, que contraviene las leyes de la Biología por su inmortalidad), el okapi, el tapir andino, el hiloquero o la onza.

Además, los críptidos estudiados por la criptozoología han de cumplir ciertas características, de tal forma que muchos seres mitológicos (incluidos los religiosos) o, en general, forteanos (relativos a otras disciplinas científicas) quedan para su estudio por otros especialistas, como los parapsicólogos o los ufólogos. Quizás sea precisamente culpa de estos supuestos expertos y de los numerosos fraudes el desdén generalizado hacia esta disciplina.

Generalmente, los críptidos son seres aparentemente imposibles o con cualidades sobrenaturales (invisibles, atmosféricos, espirituales, feéricos, gigantes, antropoides, reptiloides, leviatanes, dragones, saurios...). También es habitual que estos seres estén asociados a fenómenos paranormales o extraños (por ejemplo, los globsters o cadáveres no identificados) o a campos insuficientemente investigados, como el mundo submarino. El bestiario criptozoológico incluye árboles carnívoros, fósiles vivientes y seres como el calamar gigante, el chupacabras, Nessie (monstruo del lago Ness), Big Foot (sasquatch), el Yeti o el Kraken, aunque, según algunos, también podrían añadirse seres mitológicos, como Cerbero, Pegaso, Fénix, Roc, Jabberwocky (imagen), Uróboros, la Parca, la hidra, el basilisco, la salamandra, el cuélebre, el catoblepas, el centauro, el minotauro, el unicornio, el kelpie, el hipocampo, el grifo y el hipogrifo, el sleipnir, la esfinge, la quimera, la lamia, el gamusino, las harpías, las gorgonas, las Furias, las sirenas y tritones, los cíclopes, los licántropos, los vampiros, los liches y zombies, las gárgolas, las hadas y banshees, los pixies y trasgos, los boggarts, las gnomos, los duendes y leprechauns, las ninfas y veelas, las sílfides, los sátiros, los elfos y drows, los kitsunes, los gigantes y titanes, las gólems, los tótems, los ogros y troles, los orcos, los goblins,  los gremlins, los hobbits, los enanos, los doppelgänger, los homúnculos...

La lista podría ser inimaginablemente larga y heterogénea, como podéis ver, pero se observa que muchos de estos seres poseen características comunes de las ya citadas; por ejemplo, en muchos casos de trata de divinidades, pudiéndose añadir por tanto otros seres celestiales, como las valquirias o los ángeles (e incluso los mismos dioses, en algunos casos), y demoníacos. También aparecen varios seres folclóricos, pero sin embargo nadie investigaría sobre el Coco o Boogeyman (Hombre del Saco), el Conejo de Pascua, el Ratoncito Pérez (o el Hada de los Dientes) o Santa Claus (imagen) y sus renos. En consecuencia, se observa lo difícil que es delimitar el objeto de estudio, también debido a la influencia de las artes, pues monstruos como King Kong, Godzilla o el mal llamado Frankenstein no son más que creaciones artísticas del cine y la literatura.

Para finalizar, me gustaría señalar algo que quizá habréis notado, y es que muchos de los seres mencionados son híbridos de otros seres o animales: centauro = hombre + caballo, sirena = mujer + pez, etc. Este fenómeno, tan habitual en el folclore, es muy llamativo, dado que antiguamente no era de extrañar el uso de expresiones similares para describir a animales nunca antes vistos. Sin ir más lejos, la jirafa fue inicialmente llamada camellopardo por su parecido a un cruce entre camello y leopardo; de hecho, el mismo leopardo posee ese nombre porque se creía que era mitad león y mitad pantera (en latín, pardus). No obstante, no hace falta remontarse a épocas muy remotas, pues hasta el siglo pasado la existencia de un animal semejante a un cruce entre cebra y jirafa (el antes mencionado okapi, visible en la imagen) se creía una leyenda popular.


FUENTE: WIKIPEDIA
15 may. 2011 | Por: Nacho

Inmortales

Quizá me hayáis leído usando esta palabra y os preguntéis a qué me refiero con ella. Lejos de ser alguna clase de broma personal  que las tengo , este sobrenombre se aplica a una determinada élite (o elite). ¿Adivináis a cuál?

Para los que no, sabed que el apodo de Inmortales se refiere a los académicos de número o miembros de mi querida RAE, cada uno de los cuales ocupa un sillón y tiene asignada una letra, mayúscula o minúscula, del alfabeto. La razón de este apelativo se debe, en parte, a la influencia gala, pues en Francia se usa el mismo nombre para designar a los académicos de la Lengua; sin embargo, el verdadero motivo de que la expresión francesa se haya adoptado en España es que cada académico que toma posesión de su cargo es esculpido en un busto, que se añade a la colección visible en los jardines de la institución. De ese modo, quedan inmortalizados para la posterioridad.


FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA
13 may. 2011 | Por: Nacho

Epónimos

Terminados los exámenes, puedo volver a este blog con la inspiración que me dio mi última lectura grijelmiana: Defensa apasionada del idioma español. Y hoy os traigo un curioso término lingüístico que seguramente muchos habréis estudiado:

Los epónimos son sustantivos propios, generalmente de personas, que se usan para designar un lugar, época, descubrimiento, invento, enfermerdad, etc. En el campo médico – y en las ciencias en general –, son especialmente comunes (daltonismo, complejo de Edipo, síndrome de Down, trompas de Falopio...), pero han influido en muchos otros campos: botánica (begonia, magnolia...), unidades de medición (amperio, vatio, voltio...), elementos químicos (einstenio, mendelevio, nobelio...), etc. También es común la creación de epónimos para denominar movimientos o actitudes propios de determinados personajes históricos, legendarios o incluso ficticios: barrabasada (Barrabás, personaje bíblico), cantinflada (Cantinflas), casanova (J. J. Casanova de Seingalt), celestina (Celestina, personaje de F. de Rojas), charlotada (Charlot, personaje de C. Chaplin), chovinismo (N. Chauvin), cristianismo (Jesucristo), donjuán (D. Juan Tenorio, personaje de J. Zorrilla), fígaro (Fígaro, personaje de P. A. de Beaumarchais), fordismo (H. Ford), lazarillo (Lazarillo de Tormes, personaje de la obra homónima), lázaro (Lázaro, personaje bíblico), ludismo (N. Ludd) maquiavélico (N. Maquiavelo), marxismo (K. Marx), masoquismo (L. von Sacher-Masoch), mecenas (C. C. Mecenas), onanismo (Onán, personaje bíblico), perillán (Per Illán), platónico (Platón), polichinela (P. Cinelli), quijotesco (D. Quijote, personaje de M. de Cervantes), sadismo (marqués de Sade), supermán (Superman, personaje de J. Siegel), trotaconventos (Trotaconventos, personaje de J. Ruiz)...

De igual modo, son varias las localizaciones geográficas cuyos nombres proceden de personajes relevantes, como Alejandría, América, Arabia Saudí, Atenas, Bermudas, Bolivia, Colombia, Europa, Everest, Filipinas, Gibraltar, Israel, Liechtenstein, Patagonia, R. Dominicana, Rodesia, Roma, Washington... De hecho, ampliando el concepto de epónimo, algunas personas incluyen también muchos términos que han adoptado su nombre de gentilicios por metonimia: americana, bayoneta, canario, chilena, cubana, daiquiri, francés, griego, habano, hamburguesa, macedonia, mahonesa, milanesa, napolitana, nórdico, noruego, pequinés, pergamino, persiana, polaca, sevillana, suizo, tejanos, turquesa...

Por mencionar algunos, otros epónimos famosos son los que siguen: algoritmo/guarismo (al-Jwarizmi, matemático), bártulo (Bártolo, reputado jurisconsulto italiano) besamel (duque L. de Béchameil, a cuyo cocinero se atribuye equívocamente la invención de la salsa), braille (L. Braille), daguerrotipia (L. J. M. Daguerre), diésel (R. Diesel), esperanto (L. L. Zamenhorf, Doktoro Esperanto), galvanizar (L. Galvani, cuyos trabajos sirvieron para descubrir la técnica), leotardo (J. Léotard, acróbata que lo popularizó), luis (Luis XIV, durante cuyo reinado se comenzó a acuñar esta moneda), mansarda (F. Mansart, arquitecto que puso de moda las buhardillas), moisés (Moisés, profeta judío que fue lanzado al río de pequeño en una de estas cunas para salvarse), morse (S. F. B. Morse), nachos (I. Anaya), nicotina (J. Nicot, embajador que introdujo el tabaco en la Corte francesa), pasteurización (L. Pasteur), pantalón (no, no es que vaya de la panza al talón, sino que viene de Pantaleón, personaje teatral veneciano), quevedos (F. de Quevedo, escritor que los popularizó), rastafari (rey H. Selassie I, ras Tafari), ros (A. Ros de Olano), sándwich (J. Montagu, conde de Sandwich, jugador empedernido que creó estos bocados para no tener que abandonar las partidas), saxofón (A. J. Sax), silueta (E. de Silhouette, ministro de Hacienda aficionado a los recortes de papel que impuso duros impuestos a los ricos, por lo que su nombre quedó como sinónimo de lo barato y de la barata práctica prefotográfica de recortar siluetas), simón (S. González, primer alquilador de coches de Madrid), uzi (Uziel Gal), zepelín (conde F. von Zeppelin, fundador de la empresa Zeppelin)... En todos estos casos, salvo aquéllos en los que se indica lo contrario, el epónimo se debe al presunto inventor, pero no debemos olvidar otros casos; por ejemplo, los días y meses, así como algunas marcas comerciales (vulgarizadas o no) también son epónimos.

Para finalizar, me gustaría comentar cuatro epónimos especialmente destacables:

Boicot: El capitán Charles C. Boycott fue un administrador irlandés de finales del siglo XIX que se dedicó a guardar las tierras de un terrateniente absentista y se negó a la rebaja de los arrendamientos propuesta por la Irish Land League para redistribuir las fincas y mejorar la situación de los granjeros en alquiler. La alternativa no violenta para obligarle a ceder fue, precisamente, lo que hoy se conoce como boicot, una forma de ostracismo consistente en suspender todo tipo de trato con el individuo en cuestión (como dirían algunos, hacer el vacío). De ese modo, los jornaleros dejaron de trabajar en su casa, los comercios le negaron la venta de comidas y hasta el cartero dejó de entregarle el correo, por lo que hubo de importar trabajadores, comida y varios escoltas (por si acaso), lo que resultó en un encarecimiento brutal del coste de la cosecha.

Linchar: Charles Lynch, plantador cuáquero de Virginia (EEUU), fue un revolucionario coronel que constituyó durante la Guerra de la Independencia Estadounidense un irregular tribunal popular que ejecutó sin proceso a unos aliados de los británicos sospechosos de haber encabezado una sublevación. Cuando la Justicia ordinaria los absolvió, Lynch ordenó su ejecución y los detenidos fueron llevados por una multitud a un árbol para colgarles sumariamente, procedimiento que se repitió con todos los soldados británicos y posibles aliados de los ingleses que pudo encontrar el juez. Sorprendentemente, ello sucedió mientras se elaboraba la famosa Declaración de Derechos de Virginia, y, a pesar de las quejas por la total falta de garantías procesales de la Ley de Lynch, la Corte Suprema norteamericana avaló este procedimiento.

Molotov: Aunque ya existían antes de la famosa Guerra de Invierno, los cócteles molotov tomaron su nombre del soviético Viacheslav Mólotov, comisario del pueblo para los asuntos exteriores, quien tuvo la osadía de transmitir por radio a la población finesa durante el conflicto que el ejército ruso no estaba lanzando bombas, sino alimentos. Por ese motivo, los finlandeses comenzaron a denominar a estas bombas "canastas de comida Molotov" de modo sarcástico y su ejército declaró que «si Molotov ponía la comida, ellos pondrían los cócteles».

Guillotina: Al contrario de lo que pudiera parecer, la invención de la guillotina respondió a causas mayoritariamente humanitarias, dado que los métodos de ejecución legales solían ser un espectáculo público muy aceptado en el que la tortura sistemática y agónica del reo cumplían la función de atraer la atención de los espectadores. Las técnicas más usadas incluían la rueda, la flagelación, el desmembramiento, el ahorcamiento (incluida la combinación inglesa "hanged, drawn and quartered" o "colgado, arrastrado y descuartizado") y, para miembros de la nobleza, la decapitación con espada o hacha. El médico y diputado francés Joseph Ignace Guillotin (primera imagen) usó su cargo público para proponer este instrumento en aras de la igualdad, aunque en realidad su intención era evitar el sufrimiento innecesario (de hecho, incluso votó a favor de la privacidad del ajusticiamiento). El ingenio, rediseñado por el Dr. Antoine Louis (segunda imagen), fue bautizado por el político Jean-Paul Marat como louison o louisette, pero finalmente adoptó el nombre de su promotor, cuyos familiares se hubieron de cambiar el apellido para evitar la asociación. La recurrente leyenda urbana sobre el guillotinamiento del diputado es, no obstante, falsa, pero podría encontrar su explicación en la ejecución de otro Dr. Guillotin, de Lyon, que sí fue ajusticiado de este modo, o en el hecho de que Guillotin fuera atrapado y casi guillotinado durante el Terror francés por convocar la reunión del Juego de la Pelota.